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Obama y el Cambio Climático

Blog de HUMANIDADES

El plan inteligente de Obama

Para producir energía verde, los EE UU no solo tienen que construir más centrales eólicas y solares. También tienen que modernizar las centrales eléctricas con tecnologías menos perjudiciales para el medioambiente. La energía producida se tiene que distribuir por todo el país. Para conseguirlo, Obama prevé una “red inteligente”. El sistema flexible será capaz de producir energía eólica en California y energía solar en Arizona. Gracias a un sistema integrado de cables y redes, se transportará hasta regiones donde no se puede generar energía verde. Un sistema de seguridad evitará los cortocircuitos eléctricos en caso de apagones o cualquier tipo de avería. El destino final de la energía, los edificios estatales y los hogares privados, también se incluyen en el plan de Obama. Un millón de edificios al año recibirá más energía limpia en los próximos años.

El principio fundamental es incluir todo el sistema en un todo. Esto significa que la red inteligente se planearía en función de una visión nacional de dónde y cómo se produce la energía, se transporta y se emplea, afirma Schneider. La propuesta de Obama, ‘esquema de capitalización y comercio’, seguiría el mismo principio. Las emisiones de carbono estarán controladas para establecer ciertas cuotas están dirigidas a empresas, estas podrían comprar y vender sus permisos en el mercado de acciones. Estas políticas no solo disminuyen la dependencia sobre el carburante extranjero, cuyo coste no parece que vaya a disminuir, sino que también crea trabajos verdes e impulsa la economía. “Obama es inteligente al unir tres asuntos clave: la economía, la seguridad nacional y el medioambiente”, subraya Schneider.

La crisis económica puede facilitar los cambios que Estados Unidos necesita hacer en su producción energética, ya que la gente está deseando aprender nuevas habilidades para conseguir un trabajo. Al mismo tiempo, la escasez de capital producida por la recesión económica no ayuda a las inversiones en campos que no están considerados como altamente rentables. Estados Unidos necesita inversiones reales así como un compromiso político real según un Schneider, “optimista pero también realista”. “Necesitamos un conjunto razonable de normas consistentes por parte de los partidos políticos y después a nivel internacional”. La función del Congreso es constituir una coalición sin oposición de intereses especiales y transmitir una legislación afín al medio ambiente. EEU U tiene ahora la oportunidad de desarrollar un esquema de capitalización y comercio evitando los errores cometidos por los europeos, pioneros en el campo de la protección medioambiental, afirma Schneider.

La diferencia con Europa

Pero Estados Unidos afronta desafíos políticos más complicados que Europa, ya que la opinión pública se muestra indiferente, nerviosa o suspicaz respecto a las políticas medioambientales, continúa Schneider. En Europa, el 85 % está a favor de estas políticas, mientras que en Estado Unidos el porcentaje se encuentra en un 60% aproximadamente. Esto hace que para las personas elegidas sea políticamente arriesgado apoyar las reformas medioambientales. Sin embargo, tras los estragos causados por el clima y un gran cambio político, los estadounidenses están más preocupados, y posiblemente más receptivos respecto a estos temas de lo que estaban en 1993, cuando fracasó el plan Clinton–Gore por falta de apoyo político.

Lo más importante, la participación de la gente joven en aspectos ecológicos está aumentando. “Ha sido muy gratificante observar el entusiasmo de la gente joven”, afirma Schneider. Hace tres años impartió su clase de control del cambio climático frente a 20 estudiantes. Hoy son 150. "Tanto Europa como la gente joven son críticamente importantes para la tarea urgente de evitar el catastrófico cambio climático", afirma Robert Engelman, vicepresidente de programas en el Instituto Worldwatch y codirector de proyecto del recientemente publicado Estado del Mundo 2009. El libro indica una voluntad mundial de cambiar a la energía renovable así como un apoyo masivo público con el fin de salvar el clima global. Una vez que los políticos se pongan de acuerdo sobre las políticas, la gente tiene que entenderla y optar por nuevas maneras de vivir.

Los jóvenes clientes hablan de política

“En estos momentos yo no tengo demasiado claro cuál es su política", admite Jabob Lheman, un editor de libros de 28 años. La mayoría de la gente joven que compra en el mercado ecológico de Union Square afirma que el nuevo plan para energía limpia no es fácil de entender. Su interés por los temas verdes es de carácter personal, sin que influya el hecho de que el gobierno de Obama sea el más comprometido de la historia de Estados Unidos con una economía de energía renovable. Otros creen que la personalidad carismática de Obama arrojará más atención a los temas de cambio climático de la misma manera que le proporcionó mucho apoyo político, especialmente entre los jóvenes. Según los sondeos de Gallup, la confianza de los estadounidenses en Obama como presidente todavía se encuentra en el 65 %.

En la mente de muchas personas, Obama actuará como un líder poderoso, capaz de dirigir los esfuerzos de cambio. Pero sus políticas verdes no son una cuestión de carisma, sino más bien de consenso político y sentido común. El sentido común que muchos piensan que ha faltado a Estados Unidos y a otras regiones del mundo durante demasiado tiempo. “La semana pasada había 65ºF (18 grados) en Nueva York”, afirma Allison Lardner, de 29 años, una asidua en el mercado de Union Square. “Si no crees en el calentamiento global, mejor que vayas despertando”.

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