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La Depresión en la Niñez

Blog de SALUD-PSICOLOGIA

Objetivo: El presente artículo trata de la problemática del diagnóstico de la depresión en la niñez y de las distintas dificultades para diferenciarlo de otros cuadros psico-patológicos de esa etapa evolutiva y sus diferencias con la depresión del adulto dejando abierto el ahondar en el mismo desde perspectivas neuropsicológicas.

Desarrollo:

Se comienza a hablar sobre este tema en el niño a comienzos de siglo, aunque los estudios sistematizados aparecen recién en la década del 50 aproximadamente.

Abraham, en 1912 delinea el mecanismo psicodinámico de depresión aludiendo a las pérdidas del objeto amado en los períodos tempranos del desarrollo. Freud y Melanie klein continúan elaborando el tema dentro de la misma línea. Ana Freud, Spitz, Burlingham acentúan los efectos de la separación materna en niños de edad preescolar.

Spitz estudia esta problemática, la que denomina depresión analítica como síndrome que afecta al bebé cuando es separado de su madre después de los seis meses de vida. Se caracteriza por: tristeza, apatía, llanto, reacción lenta a estímulos, lentitud de movimiento, trastorno del sueño y de la alimentación.

Este fenómeno será luego denominado por los pediatras, quienes lo observaron en los niños que permanecían hospitalizados por periodos prolongados sin su madre presente, como “hospitalismo”. Se ha observado también otro fenómeno semejante a este, provocado por la falta materna que se denominó “Falta de lozanía”. Ambos producen un retraso en el crecimiento y desarrollo.

A partir de la década del 60 se comienza a discutir si la causa de la depresión infantil es psicodinámica y si algunos trastornos infantiles podrían enmascarar una depresión.

La psiquiatría infantil utiliza el término depresión con una variedad de significados, lo cual ha generado una confusión en relación a este tema que no se observa en la depresión adulta.

-Depresión: estado de tristeza o dolor emocional en reacción a una situación displacentera (ej. perdida o fracasos).

-Depresión como rasgo de personalidad: estado relativamente estable de incapacidad de obtener placer.

-Depresión como síntoma individual: estado patológico de humor bajo o triste.

Estas desviaciones pueden darse tanto en forma cuantitativa como cualitativa.

-Depresión como trastorno: síndrome depresivo desviado de la normalidad.

Estos aparece en el marco de otro cuadro psicopatológico.

-Depresión como síndrome: conjunto de síntomas que regularmente se dan juntos.

-Depresión como enfermedad: es una forma particular de la depresión anterior, donde el trastorno aparece definido, con correlaciones psicopatológicas, base genética, una patología física, pronostico y respuesta especifica a tratamiento.

v DIFICULTADES EN EL DIAGNÓSTICO DE LA DEPRESIÓN INFANTIL

Existen dificultades en la tarea diagnostico de este trastorno en los niños debido a:

1-Falta de unidad en la utilización del termino depresión

2-Desarrollo o etapa evolutiva por la que atraviesa el niño.

3-Rendimiento intelectual y características emocionales.

4-Incapacidad de los niños, sobre todo de los más pequeños, para expresar con precisión sus estados de ánimo.

Generalmente la consulta es solicitada por los padres o por observación de los maestros, quienes son los que aportan los relatos y datos sobre los que se basará el profesional para realizar su trabajo.

Se ha observado a través de técnica (Cuestionario sobre Depresión Infantil) que no siempre los padres tienen capacidad para detectar síntomas depresivos en sus hijos

Los estudios de Angold y col. (1987)demuestran una baja sensibilidad en tal sentido.

El Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harbad y Massachussets estructuro un sistema diagnostico basado en cinco etapas del desarrollo del niño, siendo necesario en todos los casos la presencia del humor disforico para el diagnostico de este trastorno a cualquier edad. Para concretar el diagnostico deben estar presentes por lo menos cuatro conductas disfunciones: trastornos del sueño, de la alimentación, retrasos del desarrollo, alteraciones del lenguaje, de la conducta motriz, agresividad, etc. Los mismos deben presentarse por lo menos durante dos semanas como mínimo.

Los equivalentes depresivos aumentan la dificultad para realizar aumentan la dificultad para realizar el diagnostico, podemos definirlos como conductas antisociales y quejas somáticas (depresión enmascarada). En la mayoría de los casos estos se presentan junto a síntomas depresivos convencionales. Es difícil asegurar si la depresión es causa o síntoma secundario del trastorno de conducta.

Por ejemplo en el síndrome por déficit atencional con hiperactividad la depresión puede aparecer como consecuencia de las dificultades en la adaptación social que aqueja a estos niños.

La coexistencia de trastornos de conducta asociados a síndrome depresivos fueron descriptos por Shafer (1974) quien afirma que en el 75% de los suicidios en niños y adolescentes estos habrían presentado con anterioridad conductas antisociales.

No podemos atenernos a un criterio rígido aceptado como depresión infantil solamente los criterios preestablecidos para los adultos. Para realizar una adecuada selección de las estrategias clínicas es necesario basarse en un diagnóstico correcto, por lo cual se hace necesario profundizar sobre el terna especialmente en la compresión del desarrollo de la efectividad. Los criterios de severidad y duración han ayudado para distinguir la tristeza normal de la patológica.

En cuanto al trabajo terapéutico con niños que padecen depresión primero hay que hacer un diagnóstico diferencial de acuerdo a la edad de los mismos y las características e intensidad de los síntomas.

A través de las primeras entrevistas con los padre el profesional contará con un conjunto de datos entre los cuales son de gran importancia:

1- Antecedentes familiares de enfermedad psiquiátrica, los cuales aportan información valiosa acerca del cuadro clínico.

2- Si el niño ha estado deprimido antes, es importante saber si se realizó alguna consulta y el tipo de tratamiento llevado a cabo.

3- Saber si el niño ha sufrido un trauma emocional grave reciente.

Una vez evaluada la información obtenida, ésta debe completarse con la observación y el proceso diagnostico . De acuerdo a la edad del mismo se eligen las pruebas y técnicas adecuadas que nos permitan el abordaje correspondiente, siendo efectivas para tal fin la hora de juego diagnostico y el dibujo libre entre otras.

Los trastornos de las funciones cognitivas son manifestación sintomática del síndrome depresivo. Se pude observar en algunos niños una hipermnesia de los errores cometidos, de recuerdos desalentadores y una amnesia en relación a hechos felices; las conductas están afectada por sentimientos de carácter pesimista.

En el afán de llegar a una definición de la depresión infantil se ha comparado lo observado con estudios realizados en adultos, llegando a la conclusión de que la depresión es frecuente en pacientes orgánicos y que el deterioro cognitivo estaría relacionado con el estado depresivo. Desde una visión neuropsicologica podemos decir que la depresión infantil tiene un claro componente neurobiótico y una manifestación sociocognitiva que abarca a todas la áreas del conocimiento, pero fundamentalmente debemos decir como terapeutas que desde los más arcaicos procesos estructurales se conjuga un yo psíquico que da cuenta de su imposibilidad vivencias con un des-orden que lleva a ese niño, si supera las primeras etapas, a constituirse en un adulto con una existencia más del orden del sufrimiento que del placer. Debemos buscar en el ejercicio de la función materna y paterna y en su interjuego dinámico lo patológico, que hace que un niño que tiene toda su existencia por construir, sólo puede sentir, pensar y actuar en la “no-existencia”.

Ø Conclusión:

En los momentos actuales de una sociedad en donde abundan los modelos agresivos y competitivos, no sólo los investigadores, sino también los líderes educativos, sociales y políticos están descubriendo la importancia de las actitudes y comportamientos pro sociales, tanto por el potencial que ofrecen de cara a la optimización de una convivencia más armónica, funcional y ajustada como por su valor preventivo de higiene mental para la persona en particular sometida, generalmente a fuertes presiones de una sociedad que no siempre facilita, espontáneamente, las conductas sanas.

Ø Bibliografía consultada:

Þ “Psicología y Educación para la Prosocialidad”, Robert Roche Olivar, 1998, Red Federal de Formación Docente, Ministerio de Cultura y Educación de la Nación.

Þ Revistas del CONSUDEC, Nros.860, 878, Años 2000, Buenos Aires.

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